Cuando pensamos en “liderazgo” solemos asociar el concepto con palabras como mandar, dirigir o conducir. Lo relacionamos con aquellos que dan las órdenes dentro de una empresa, con quienes planifican lo que se debe hacer y cómo se debe hacer. Pensamos en estructuras jerárquicas rígidas en las que unos mandan y otros obedecen, sin derecho a réplica. El líder es incuestionable, siempre tiene la razón.

Pero el concepto de empresa jerárquica así como lo conocíamos es cosa del pasado. Se ha descubierto que los entornos laborales basados en relaciones 100% verticales son poco motivantes para los empleados. Al contrario: pueden llegan a ser enfermizos, decepcionantes y para nada alentadores. El colaborador se siente un número más, un ente insignificante dentro de una estructura enorme en la que los líderes, los directivos y los gerentes de área son los únicos que tienen valor. ¿Qué tan probable es que la productividad de una empresa crezca, si sus empleados se sienten así?

Al respecto, hoy las empresas se han flexibilizado un poco. Si bien siguen manteniendo una estructura jerárquica, ya no son tan rígidas como antes. Y hoy, la clave para que el personal pueda desempeñarse de manera eficiente, ágil y entusiasta está en los mandos medios. Los líderes de cada equipo de trabajo tienen la responsabilidad, principalmente, de mantener motivados a los colaboradores y para lograrlo, deben aplicar ciertas herramientas y actitudes más propias de un tipo de organización horizontal que de una vertical y jerárquica.

Cercanía con el equipo

En primer lugar, es imposible incrementar la motivación de los empleados si el líder pasa la mayor parte del tiempo en su oficina, lejos de su equipo. Es necesario que se relacione con sus colaboradores, viva con ellos su día a día, se acerque, converse, los conozca. De esa manera va a poder verificar si están cómodos, si se sienten satisfechos o si tienen algún problema en que pueden actuar al respecto.

Ofrecer perspectivas

Por otro lado, el líder del equipo debe conocer en profundidad los deseos y ambiciones de cada uno de sus empleados para poder ofrecerles un plan de carrera personalizado que les permita aprender y crecer cada día más. Nada es más motivante en un trabajo que tener buenas perspectivas a futuro. Y el líder tiene la responsabilidad de ayudar a sus subordinados a que alcancen sus metas profesionales, reconociendo el buen desempeño y haciendo notar los errores.

Ser referente

Es poco probable que un equipo de colaboradores se sienta motivado si su líder viene a trabajar con desgano, hace sus tareas protestando o propicia un mal ambiente en general. Un gerente, un mando medio, un director, es el principal referente de su área. Y como principal referente, debería considerar de que sus empleados van imitarlo directa e indirectamente. Incluso podrían llegar a creer que lo “normal” dentro del área es reclamar por todo. Este tipo de actitudes hay que evitarlas porque pueden ser altamente contagiosas.

Por el contrario, el optimismo, la buena predisposición y el entusiasmo por el trabajo diario son formas de trabajar que inspiran a los demás a mantener un ámbito laboral positivo y productivo. Los líderes que demuestran estas actitudes son los que conducen los equipos de trabajo más exitosos y satisfechos.

Experiencia y conocimiento

Finalmente, es básico y vital que el responsable de área sea absolutamente competente dentro de su rubro y posea una experiencia significativa. Es poco motivante para un empleado saber que su propio jefe sabe menos que él, o que comenzó a ganar experiencia en el rubro hace muy poco tiempo. ¿Cómo se puede confiar en un novato? ¿Cómo aceptar órdenes de alguien que no sabe cómo desempeñarse en sus tareas diarias?

Los conocimientos, la cercanía, el ejemplo y la proyección son valores cruciales y críticos en un líder de equipo que busca mantener motivados a sus colaboradores.